Según Klaidi Shehi, de UNESCO, el cierre del estrecho de Ormuz provoca la pérdida de aproximadamente 20 millones de barriles de petróleo diarios, lo que representa alrededor del 20% del consumo mundial y una cuarta parte del comercio marítimo de crudo. Esta interrupción supone la mayor crisis de suministro energético desde la década de 1970.

En este mundo de hoy, totalmente interconectado telemáticamente a tiempo real, la diversidad cultural es más abundante e importante que nunca. Con la inmigración constante de millones de personas, el mundo se convierte cada vez más en un crisol de culturas. Si bien esta interconexión cultural ofrece oportunidades para el crecimiento económico, la innovación y la creatividad, también puede generar conflictos, malentendidos y prejuicios, como es el caso de Estados Unidos e Irán actualmente.

Por ello, el 21 de mayo de 2002, las Naciones Unidas, a través de la UNESCO, instauraron el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo. Este día, que se celebra anualmente el 21 de mayo, conmemora la riqueza de las culturas presentes que conforman nuestra comunidad global y subraya el papel fundamental del diálogo intercultural para alcanzar la paz y el desarrollo sostenible.

Las culturas son el motor del dinamismo histórico. Por más cerrada que una cultura se aprecie, está frente al solo hecho de saber que la diferencia está afuera de sus fronteras axiológicas y territoriales.

Las contraculturas son un ejemplo de lo anterior. Grupos generalmente urbanos que deberían tener un sentimiento de pertenencia a una sociedad, por el contrario, estallan proclamando una diferenciación respecto a la sociedad tradicional, o incluso negándola. La diferenciación estallará tarde o temprano, de forma pacífica o violenta.

La convivencia entre culturas tampoco es un ideal. Con sus vaivenes, siempre han existido territorios y tiempos en donde esta convivencia se erige como imperativo de civilización. La guerra, por otro lado, de igual manera termina teniendo un intercambio cultural.

Una cuestión a resaltar es que el surgimiento de los Estados-nación fomenta un intercambio cultural. El mundo moderno queda dividido en bloques gigantescos que segregan sociedades y las aglutinan en demarcaciones territoriales. A esto se le llama identidad nacional.

La diversidad cultural enriquece la vida de las personas

Al exponernos a diferentes culturas, tradiciones y creencias, comenzamos a apreciar distintas perspectivas, formas de vida y experiencias a las que no habríamos tenido acceso previamente.

La diversidad cultural impulsa la innovación y el crecimiento económico

La diversidad cultural también promueve el crecimiento económico al estimular la innovación y la creatividad mediante perspectivas y conocimientos únicos. Cuando personas de diferentes orígenes se unen, aportan perspectivas, conocimientos y experiencias que pueden dar lugar a nuevas ideas, productos y creaciones innovadoras que revolucionan las industrias y aportan valor a los consumidores.

El California roll de Hidekazu Tojo es un ejemplo perfecto de los efectos que la diversidad cultural puede tener. Partiendo de un plato japonés básico y adaptándolo al gusto de consumidores norteamericanos, el California Roll se convirtió en un éxito de ventas de 16.400 millones de dólares en 2019.

Desde disputas sobre la vestimenta hasta luchas por los derechos de los pueblos indígenas, el conflicto cultural sigue poniendo a prueba nuestra capacidad de coexistir. Comprender estas tensiones es el primer paso para superar las divisiones y encontrar la armonía en medio de la diferencia.

Definición de conflicto cultural

El conflicto cultural surge cuando personas o grupos con diferentes valores, creencias o comportamientos culturales se enfrentan. Ocurre cuando las identidades culturales chocan, generando malentendidos, tensión e incluso hostilidad.

Comprender el conflicto cultural

Los conflictos pueden manifestarse en la política, la religión, el ámbito laboral o las interacciones sociales cotidianas. Pueden ser violentos, o sutiles a través de la exclusión, la discriminación o las fallas en la comunicación. Comprender esto ayuda a las personas y a las sociedades a gestionar la diversidad de manera más eficaz y a construir puentes en lugar de barreras.

  • La diversidad cultural actúa como una fuerza fundamental y de doble vertiente en las relaciones internacionales, facilitando simultáneamente una profunda colaboración a través del poder blando y generando tensiones por el choque de normas.
  • Diplomacia: los países aprovechan su singularidad cultural para mejorar su imagen internacional, como se observa en la «Hallyu» de Corea (K-pop/dramas) o el Instituto Goethe de Alemania. Esta diplomacia cultural fomenta la empatía y la confianza, atenuando las divisiones ideológicas.
  • Negociación y resolución de conflictos: las diferentes normas culturales en materia de comunicación (por ejemplo, directa frente a indirecta) influyen significativamente en las negociaciones diplomáticas, y los malentendidos pueden derivar en conflictos. Por el contrario, la cultura compartida puede superar las divisiones históricas.
  • Interpretación de las normas globales: las diferencias culturales influyen en cómo los Estados interpretan las leyes internacionales, como los derechos humanos. El individualismo occidental puede chocar con el colectivismo de Asia u Oriente Medio.
  • Interacción económica: si bien la diversidad impulsa la innovación, requiere una gestión cuidadosa en los negocios globales para evitar fricciones derivadas de diferentes éticas comerciales o estilos de comunicación.

En un mundo globalizado, aceptar esta diversidad tiende a mejorar la cooperación internacional, mientras que ignorarla puede llevar a negociaciones fallidas y a un aumento de la tensión geopolítica.

Ejemplo: en 2015 y 2016, cuando Europa vivió la crisis migratoria, Orbán, enemigo acérrimo de Bruselas desde el comienzo de la crisis de los refugiados en 2015, cerró y valló su frontera con Croacia y Serbia, la principal entrada terrestre al espacio Schengen utilizada hasta entonces por miles de personas.

La Unión Europea estudia cambiar la ley para multar a los países miembros que no acepten sus cuotas, para que los migrantes sean realojados en otro lugar.

«En la campaña, que oficialmente comienza ahora, además de los partidos en el Gobierno, probablemente Jobbik, de extrema derecha, también pedirá a los votantes que digan NO a Bruselas. Las formaciones de izquierda harán campaña por el SÍ». (Euronews, 2016)

El caso francés es representativo, pues Francia es un país que ha enmarcado sus políticas culturales en esquemas rígidos y verticales, en donde la cultura francesa es la cultura que se universaliza al interior de su territorio y, por ende, la cultura dominante. Es un ejemplo de la incapacidad institucional de un país para poder entablar un diálogo real con otra cultura, en este caso la árabe, pero más particularizada hacia los árabes musulmanes.

Esta incapacidad no solo tiene su evidencia en enfrentamientos culturales que se dan al interior del país, tanto a un nivel institucional —como la discusión, aprobación y rechazo de ciertas leyes que repercuten directamente en esa otredad musulmana— como también a un nivel directo, como los ataques terroristas que Francia ha sufrido más intensamente desde 2015.

El terror se apoderó ayer de Francia con un bárbaro ataque contra el corazón de los valores de la República y de Occidente en general. Al menos dos de los tres autores del atentado penetraron a tiros a media mañana en la redacción del semanario satírico y progresista Charlie Hebdo y asesinaron a quemarropa a 12 personas, la mayoría miembros de la redacción, incluido su director, Stéphane Charbonnier, conocido como Charb. (Yárnoz, 2015)

Los conflictos por diversidad cultural surgen cuando chocan diferentes valores, creencias, religiones o costumbres, manifestándose en tensiones geopolíticas, racismo o disputas por recursos. Ejemplos incluyen el conflicto árabe-israelí, tensiones étnicas (ej. hutus y tutsis en Ruanda) y conflictos lingüísticos o de normas sociales, como las políticas laicas en Francia hacia la comunidad musulmana.

Aquí se detallan ejemplos clave:

  • Conflictos religiosos y étnicos (Israel-Palestina): este conflicto implica profundas diferencias culturales y religiosas, además de disputas territoriales, convirtiéndose en una tensión constante entre el Estado de Israel y los países árabes vecinos.
  • Genocidio en Ruanda (1994): fue una consecuencia extrema de tensiones étnicas entre hutus y tutsis, ilustrando cómo el prejuicio y la falta de tolerancia pueden llevar a una violencia masiva.
  • Tensiones por políticas de asimilación (Francia y la comunidad musulmana): el modelo francés de laicidad a menudo entra en conflicto con las prácticas culturales de la población musulmana, evidenciando dificultades de integración institucional.
  • Conflictos indígenas y extractivismo (América Latina): disputas entre comunidades indígenas y empresas internacionales sobre el uso de la tierra y recursos naturales, donde las cosmovisiones culturales de protección ambiental chocan con intereses económicos.
  • Conflicto kurdo: enfrentamientos de larga duración que involucran a Turquía, Irak, Irán y Siria, donde la población kurda busca reconocimiento cultural y autonomía política.

Estos conflictos suelen intensificarse por estereotipos, racismo y la incapacidad de gestionar la convivencia entre identidades distintas.

La falta de diálogo deriva de una inflexibilidad institucional, que reproduce modos de convivencia y de existencia no aptos para la entrada de la diferencia que cuestionaría valores nacionales. Recordemos que la identidad francesa, en buena medida, está definida por la Revolución francesa.

Choque de intereses: como es el caso de la guerra entre Estados Unidos e Irán. Estados Unidos no quiere que Irán tenga armas nucleares e Irán no está dispuesto a renunciar a ellas. A cambio del ataque estadounidense a Irán, Irán ha cerrado el estrecho de Ormuz, provocando un gran daño comercial, principalmente de petróleo, que está afectando a gran parte del mundo. El cierre del estrecho de Ormuz provoca la pérdida de aproximadamente 20 millones de barriles de petróleo diarios, lo que representa alrededor del 20% del consumo mundial y una cuarta parte del comercio marítimo de crudo. Esta interrupción supone la mayor crisis de suministro energético desde la década de 1970. La cultura de gobernanza de Irán prioriza las prioridades de los líderes y pone en peligro la calidad de vida de los ciudadanos. Un comportamiento que difiere mucho de las prioridades de países del mundo occidental, como los europeos y americanos.

UNESCO

Cuando se fundamenta en un compromiso genuino para promover el diálogo intercultural y la diversidad cultural, la diplomacia cultural puede revitalizar el multilateralismo, fomentando modelos de cooperación internacional más inclusivos y mutuamente beneficiosos. Estos enfoques de la diplomacia cultural permiten a los países identificar valores y legados culturales comunes, abriendo caminos para la renovación de alianzas y, por lo tanto, poniendo en práctica los principios de la Declaración Universal de la Diversidad Cultural de la UNESCO de 2001. Las candidaturas multinacionales en el marco de las Convenciones Culturales de la UNESCO, los acuerdos regionales para apoyar la movilidad de artistas o el desarrollo de rutas de turismo cultural transfronterizas reflejan estos esfuerzos políticos. De este modo, la diplomacia cultural tiene el poder de fortalecer la paz, la seguridad y el desarrollo mediante la promoción de la diversidad cultural mundial —en lugar de instrumentalizar la cultura con fines divisorios—, subrayando además la esencia dinámica de la cultura y su capacidad de renovación a lo largo del tiempo.

Sin embargo, esta visión integral requiere la consolidación de las políticas nacionales de diplomacia cultural y una articulación más clara en todo el espectro político. A pesar de reconocer el valor de la diplomacia cultural y participar activamente en ella, muchos países carecen de una política específica, con responsabilidades dispersas entre los distintos niveles gubernamentales y sin fondos asignados. La consolidación de las políticas de diplomacia cultural beneficiaría tanto el interés nacional de los Estados miembros como la cooperación internacional. Esto requiere, en particular, que los países fomenten la formulación de políticas basadas en datos y analicen los retos y oportunidades específicos que plantea la transformación digital.

La UNESCO proporciona instrumentos normativos y foros políticos para que los países fortalezcan, articulen y amplifiquen sus objetivos de diplomacia cultural. Las Convenciones Culturales de la UNESCO ofrecen plataformas de diálogo y herramientas operativas para apoyar, por ejemplo, la salvaguardia del patrimonio común, la movilidad de los artistas o la restitución de bienes culturales.

Conclusión

En general, la diversidad cultural es un aspecto fundamental de nuestro mundo globalizado e interconectado, y el Día Mundial de la Diversidad Cultural es una fecha esencial para promover la comprensión y el diálogo intercultural entre las comunidades. Con el aumento de la globalización y la creciente interacción entre personas de todos los ámbitos de la vida, es importante que celebremos nuestras diferencias, abracemos nuestra diversidad y aprendamos sobre las nuevas prácticas y costumbres culturales que existen en nuestras comunidades. Al ampliar nuestro conocimiento sobre las diversas culturas que conviven en estas comunidades, podemos comprender mejor a nuestros vecinos y sus orígenes, integrar diferentes prácticas y matices culturales en productos nuevos e innovadores, y crear un mundo más tolerante y compasivo. El Día Mundial de la Diversidad Cultural nos brinda la oportunidad de apreciar las diversas costumbres, tradiciones y creencias de personas de todos los ámbitos de la vida. Por lo tanto, aprovechemos este día para reflexionar sobre la importancia de la diversidad cultural y actuar para promover el diálogo intercultural, la colaboración y el respeto por nuestras culturas únicas y diversas.

¿Por qué EEUU ha perdido la guerra?

Enrique Arias Vega

El fracaso de las conversaciones de paz sobre la guerra de Irán ha sido una mala noticia, pero sobre todo para Estados Unidos. El decálogo de condiciones que presentó el régimen de los ayatolás suponía, de ser aceptado, una rendición de los norteamericanos, pues el Gobierno chií se mantenía en todos los principios que han llevado al conflicto.

Tres de los puntos son una buena muestra de lo dicho. El primero y más significativo es el mantenimiento del Gobierno persa de su programa nuclear, nudo gordiano del problema, pues Washington se niega a que Irán pueda llegar a tener bombas atómicas, estando ya muy cerca de conseguirlas. Otros dos puntos esenciales son el bloqueo del estrecho de Ormuz, con todo lo que conlleva de deterioro de la economía mundial, y el que Estados Unidos cargue con reparaciones del conflicto armado, que es tanto como reconocer su culpa en el enfrentamiento bélico.

Es pues prácticamente imposible que sobre tales supuestos pueda sentarse un plan de paz. Más bien es la constatación de que las cosas están como al comienzo de la guerra. ¿Cuál es la alternativa de los Estados Unidos a este programa?

Según Donald Trump, si no había un acuerdo de no beligerancia desataría un infierno sobre la nación persa, que la dejaría totalmente destruida y acabaría con su civilización. Pero a medida que pasan los días, semejante salvajada retórica parece más improbable en la práctica, ya que merecería el repudio de toda la opinión pública internacional, así como de un cada vez mayor número de seguidores del presidente norteamericano, que le reprochan que no haga efectivo el eslogan de Make America Great Again metiéndose en el avispero de Irán.

Distinto es el caso de Israel, que lucha contra el régimen de los ayatolás y también contra las milicias terroristas de Hezbolá, que en El Líbano constituyen un Estado dentro del Estado, porque le va en ello su propia supervivencia como nación y no quieren andarse con chiquitas con sus enemigos a muerte.

A los Estados Unidos, en cambio, no les va tanto en el envite, a pesar de la amenaza nuclear, y se encuentran ante el dilema de que no pueden aceptar las propuestas de paz, ni tampoco lanzarse a una barbaridad histórica, con lo que sus opciones quedan reducidas a un bloqueo del estrecho de Ormuz, contradictorio con su tesis de abrirlo al comercio mundial. Así pues, Washington se halla en medio de un conflicto para el que no tiene solución y que le convierte en perdedor de una guerra que supo empezar pero que ignora la manera de terminar.