Incorporar el futuro en las decisiones del presente para asegurar el crecimiento y la sostenibilidad.

Durante siglos, la experiencia ha sido la principal fuente de conocimiento. Aprendíamos del pasado. Analizábamos lo que había funcionado. Repetíamos las fórmulas de éxito. La premisa era: si algo funciona, probablemente funcionará.

Sin embargo, la velocidad de transformación tecnológica, social, ambiental y económica está modificando las reglas del juego más rápido de lo que somos capaces de adaptarnos. La inteligencia artificial transforma el trabajo. Los cambios demográficos modifican la pirámide poblacional. La transición energética redefine los modelos productivos. Los recursos naturales se convierten en factores estratégicos. Las expectativas sociales evolucionan. Las generaciones más jóvenes cuestionan principios que parecían inamovibles.

La experiencia es un grado. Sí. Pero ya no es suficiente.

El liderazgo del siglo XXI exige algo más: la capacidad de tomar decisiones considerando las consecuencias que tendrán en el futuro.

Y así, todos deberíamos tener mentalidad de Chief Future Officer. No es un cargo —¡aunque igual no sería una mala idea!—, es una forma de pensar.

Porque toda decisión, o no decisión, tiene consecuencias. Algunas son inmediatas. Otras diferidas. Beneficios de corto plazo y costes que pueden aparecer semanas, meses o años después.

A menudo hablamos del futuro como si fuera algo lejano.

  • Dentro de diez años.
  • Dentro de veinte años.
  • La próxima generación.

Sin embargo, quizá estamos planteando mal la pregunta.

Porque el futuro no es dentro de veinte años.

El futuro es después

  • Después de cada decisión.
  • Después de cada acción.
  • Si doy un mal servicio a un cliente, el futuro es el siguiente momento en que ese cliente tenga que decidir si vuelve a confiar en mí.
  • Si no trato con respeto a un empleado, el futuro es el día en que decida marcharse.
  • Si exprimo a un proveedor, el futuro es cuando necesite su ayuda y ya no pueda contar con él.
  • Si consumo un recurso sin preocuparme por su regeneración, el futuro es cuando deje de estar disponible.

El tiempo siempre termina revelando los efectos de nuestras decisiones.

Porque el futuro no llega de golpe. Llega consecuencia tras consecuencia.

La mentalidad de un Chief Future Officer no es predecir el futuro… sino incorporarlo al presente.

Por eso, antes de tomar una decisión importante, deberíamos preguntarnos:

¿Es WIN?

W – WE: ¿qué pasa después para nosotros?

  • ¿Gana el cliente?
  • ¿Gana el empleado?
  • ¿Gana el proveedor?
  • ¿Se fortalece la confianza?

I – I: ¿qué pasa después para mí?

  • ¿Creo valor real?
  • ¿Me fortalece?
  • ¿Me hace más resiliente?

N – NEXT: ¿qué pasa después?

  • ¿La siguiente consecuencia mejora o empeora la situación?
  • ¿Estoy construyendo capacidades o consumiéndolas?
  • ¿Sigo trasladando el problema hacia adelante o lo estoy resolviendo?

¿Y después?

La sostenibilidad no consiste en elegir entre el presente y el futuro. Consiste en entender la cadena de consecuencias de nuestras decisiones. Consiste en tomar decisiones que permitan prosperar en ambos.

Y premia a quienes son capaces de comprender que los sistemas económicos, sociales y ambientales funcionan como una cadena de causa y efecto donde nada ocurre de manera aislada.

No se trata de adivinar lo que ocurrirá. Se trata de comprender las tendencias que ya están configurando el mundo que viene y actuar en consecuencia. Se trata de interpretar los cambios antes que los demás. Se trata de anticipar riesgos que todavía no aparecen en los indicadores financieros. Se trata de entender que la licencia para operar no depende únicamente del mercado, sino también de la sociedad y del planeta.

Es una invitación a ampliar nuestro horizonte temporal y cercano.

Pensar más allá del presente, más allá de nosotros mismos, más allá de nuestra generación, de nuestro país.

La vida no se sostiene sobre lo que resta, sino sobre lo que suma. Primero aprendemos a sumar; después, a restar. Quizá porque el equilibrio —como en cualquier balance— nace de acumular valor antes de descontarlo.

Quizá por eso la sostenibilidad es mucho más que una función corporativa.

  • Es una forma de liderazgo.
  • Una forma de entender la responsabilidad.
  • Y, sobre todo, una forma de relacionarnos con el tiempo.

Porque las generaciones futuras no heredarán nuestras buenas intenciones, ni nuestras riquezas….

«Las generaciones futuras heredarán nuestras decisiones.»

Mireia Ferré, Chief Sustainability Officer de Dentaid, es licenciada en Derecho y Ciencias Políticas, con formación ejecutiva en IESE Business School y un Postgraduate Certificate in Sustainable Business (PCSB) por la Universidad de Cambridge. Cuenta con una sólida trayectoria en sostenibilidad corporativa, estrategia ESG y gobernanza empresarial. Actualmente lidera la definición e implementación de la estrategia de sostenibilidad de Dentaid, impulsando la creación de valor a largo plazo y la integración de criterios ESG en la toma de decisiones de la compañía.