El entorno de trabajo está atravesando una transformación profunda, impulsada por cambios en los modelos organizativos, la consolidación del trabajo híbrido y una revisión crítica del papel de la oficina. En este contexto, las decisiones relativas al espacio, la localización y el diseño del workplace han dejado de ser únicamente operativas para convertirse en palancas estratégicas que impactan en la eficiencia, la experiencia del empleado y la cultura corporativa.

Para analizar este fenómeno y tomar el pulso al valor real de la oficina en España como espacio físico de trabajo, PwC y Savills hemos elaborado de manera conjunta el informe Workplace Trends 2026.

El estudio sitúa su punto de partida en un contexto económico y social que ya ha dejado atrás el impacto directo de la etapa Covid-19, y en el que el debate ha evolucionado. La flexibilidad y los modelos híbridos han dejado de ser el eje central de la conversación para dar paso a un concepto más amplio y determinante: la experiencia.

Miren Tellería, socia en PwC responsable del sector Inmobiliario.

A través del análisis de una muestra representativa de cerca de 40 compañías con presencia en nuestro país —pertenecientes a 16 sectores distintos y, en casi un 80%, con plantillas superiores a los 100 empleados—, el informe reflexiona sobre las decisiones y premisas que hoy guían a las organizaciones en relación con sus espacios y modelos de trabajo. Las respuestas recogidas revelan cómo ciertos valores tradicionales no solo se mantienen, sino que se refuerzan, mientras que soluciones surgidas en un contexto de urgencia han terminado integrándose con total normalidad. Al mismo tiempo, conceptos como la diversidad, el bienestar o la experiencia de empleado se consolidan como intangibles imprescindibles para dotar de pleno sentido a los espacios laborales y construir equipos verdaderamente productivos.

A partir de este diagnóstico, las conclusiones del informe ofrecen una visión clara sobre hacia dónde evolucionan los espacios de trabajo en España y cuáles son las claves que marcarán su papel en los próximos años.

Se refleja un mercado en evolución ascendente, donde la oficina mantiene su relevancia, pero desde una lógica profundamente distinta a la tradicional. Al cruzar percepciones, prácticas y aspiraciones futuras, se dibuja un escenario en el que el workplace sigue siendo necesario, pero necesita evolucionar para responder de forma equilibrada a la colaboración, el foco, la innovación y las nuevas dinámicas de trabajo que el negocio demanda. En este contexto, el mercado no está cuestionando la necesidad de la oficina, sino redefiniendo con mucha más precisión para qué sirve, cómo debe funcionar y qué valor debe aportar frente a otros entornos de trabajo. Estas conclusiones sintetizan las principales tensiones, avances y oportunidades que definen hoy la transformación del entorno laboral.

1. La sede corporativa sigue siendo relevante, aunque bajo modelos más flexibles

El mercado no está abandonando la sede corporativa. El modelo predominante continúa siendo el de sede en régimen de alquiler, lo que evidencia que las organizaciones siguen valorando la centralidad, la identidad y la continuidad operativa que aporta un espacio principal, sin necesidad de recurrir a la propiedad. La tendencia dominante es mantener sede, pero desde una lógica más flexible.

2. El crecimiento organizativo no implica necesariamente cambios de ubicación ni ampliaciones significativas

Aunque muchas compañías han aumentado tanto plantilla como superficie en los últimos años, y prevén seguir haciéndolo, este crecimiento no se traduce automáticamente en la necesidad de cambiar de sede ni en ampliar de forma proporcional los metros disponibles. El enfoque más habitual es optimizar, reconfigurar y adaptar el espacio existente, priorizando estrategias de eficiencia y reorganización interna antes que expansiones o relocalizaciones.

3. La ubicación conserva un valor estratégico porque estructura la experiencia de acceso diaria

La localización sigue siendo un eje clave del workplace. La dependencia del transporte público y los tiempos de desplazamiento hacen que la accesibilidad se mantenga como un factor determinante. Por ello, la sede actual no se conserva por inercia, sino porque continúa generando valor operativo y funcional tanto para el negocio como para la plantilla.

4. La oficina cambia su propósito: sigue siendo relevante, pero por razones distintas

La oficina ya no se concibe como el lugar obligatorio de trabajo diario, sino como un entorno que facilita colaboración, cultura, coordinación y relación presencial. Los motivos principales de asistencia son abiertamente relacionales: colaborar, reunirse, socializar o recibir clientes. Su valor es, cada vez más, organizativo y social, no individual.

5. El workplace actual facilita la interacción, pero aún no ofrece una respuesta equilibrada a todas las necesidades

El espacio funciona bien para reuniones, colaboración espontánea e interacción híbrida. Sin embargo, presenta limitaciones claras en concentración, trabajo individual, formación, innovación y cocreación. El reto no reside en el edificio en sí, sino en el grado de alineación entre el espacio y las tareas que debe soportar.

6. El modelo híbrido está consolidado, aunque mantiene un enfoque conservador y ciertas tensiones internas

El teletrabajo está plenamente integrado en el modelo, pero la presencialidad continúa teniendo un peso elevado. Paralelamente, una proporción significativa de la plantilla expresa el deseo de incrementar los días de remoto. Esto revela una tensión: la oficina sigue siendo clave para la colaboración, pero no se percibe como el entorno óptimo para todas las actividades. El debate ya no es binario («oficina o teletrabajo»), sino qué tipo de trabajo se realiza mejor en cada entorno.

7. Persiste una brecha entre las aspiraciones estratégicas y la realidad operativa del workplace

Modern business. Young focused serious business women and men working in a conference room working on a project presentation. Light from a spacious office is reflected through the glass.

Las compañías aspiran a posicionarse como referentes en innovación, aprendizaje y nuevas formas de trabajo, pero el espacio actual y las dinámicas diarias continúan más orientados hacia la coordinación formal. En muchos casos, existe un desajuste entre lo que las compañías quieren activar y lo que su workplace es capaz de habilitar.

8. La transformación del workplace está en marcha, aunque con niveles de madurez heterogéneos

Una amplia mayoría de organizaciones ha acometido transformaciones en su espacio de trabajo en los últimos años, lo que demuestra que la evolución del workplace es una realidad activa. No obstante, su alcance es desigual y las necesidades de foco, aprendizaje e innovación no están resueltas de forma homogénea. Coexisten organizaciones en evolución avanzada con otras en fases más tempranas.

9. La evolución del modelo avanza más en políticas internas que en espacio, liderazgo y tecnología aplicada

Las políticas de flexibilidad, conciliación, teletrabajo y bienestar están ampliamente implantadas, y la base tecnológica del trabajo híbrido es sólida. Sin embargo, el progreso es más limitado en tres ámbitos clave: (1) la transformación del liderazgo hacia modelos de autonomía y autogestión, (2) la tecnología aplicada a medir y optimizar el uso del espacio, y (3) la capacidad del workplace para habilitar nuevas dinámicas de trabajo. Además, la IA se percibe ante todo como una palanca de eficiencia y optimización, no como motor de expansión.

Próxima parada, Human Centric Design

Como hemos visto, las organizaciones están revisando el papel de la sede, el modelo híbrido, la experiencia diaria de acceso y la funcionalidad del espacio, al tiempo que avanzan en políticas de flexibilidad y bienestar. El resultado es un escenario en el que el workplace sigue siendo necesario, pero debe evolucionar para responder mejor a las nuevas formas de trabajar y a la diversidad de necesidades de las personas.

En este contexto, la sede corporativa continúa teniendo un valor estratégico claro. Sigue siendo el principal soporte para la colaboración, coordinación, cultura y encuentro presencial, y mantiene un papel relevante en la construcción de pertenencia y experiencia colectiva. Asimismo, la ubicación conserva importancia en la medida en que estructura la experiencia de acceso diaria y condiciona la percepción general del entorno laboral. Todas estas ideas están plenamente integradas en la cultura de la mayor parte de compañías líderes, pero ya no es suficiente.

Las tendencias de workplace vienen dominadas en los últimos años por todo lo relativo a diversidad, igualdad e inclusión. La manera en la que entendemos e interpretamos estos tres términos ha crecido sensiblemente respecto de los temas relacionados con edad, género o multiculturalidad, donde todo radicaba hace una década.

Se trata de poner en un lugar predominante las necesidades psicológicas, cognitivas y emocionales de los usuarios. De este modo, encontrarán un espacio de trabajo que les valora, apoya y acompaña, favoreciendo un desempeño y productividad óptimas.

Llevamos años escuchando eso de «poner a las personas en el centro», pero esto ha adquirido una nueva dimensión. Según el informe State of the Global Workplace 2025, de Gallup, el 40% de los empleados a nivel mundial experimenta estrés a diario. El McKinsey Health Institute cifra en 1 billón de dólares las pérdidas de productividad global que son consecuencia de una mala salud mental.

Hoy conviven 5 generaciones en el espacio de trabajo, pero también, en un mismo equipo, distintos estilos cognitivos, percepciones sensoriales y distintas formas de concentrarse y socializar. No diseñar un espacio adecuadamente supone una pérdida real de rendimiento.

El Human-Centric Design se apoya en premisas de disciplinas como la neurociencia y la sociología, para entender cómo los espacios influyen en las emociones, comportamiento y productividad de las personas.

El espacio físico debe entenderse ahora, por tanto, como una infraestructura capaz de sostener y potenciar dimensiones intangibles pero esenciales para el desempeño profesional, como la creatividad, la eficiencia, la productividad, el bienestar, el foco, la socialización y la colaboración.

Para ello, debemos mapear los perfiles existentes, así como los estilos de trabajo, en el proceso de análisis de la Consultoría Workplace Strategy, dotando al concepto de diseño de una capa de entendimiento emocional y de productividad, que ofrezca soluciones para perfiles introvertidos.

La primera clave del éxito, como con el activity-based working, vuelve a ser la elección, frente a la imposición. Las personas conocen sus necesidades y preferencias y el espacio proporciona los medios adecuados para ellas.

La segunda clave del éxito es el entendimiento y definición del journey del empleado, que atravesará por distintos estados emocionales a través del día, independientemente de su perfil personal.

El diseño, lejos de tratar cada variable por separado, deberá generar atmósferas coherentes que impacten de manera real en el bienestar de las personas, aumentando así también su rendimiento y productividad.

Los procesos de Gestión del Cambio se vuelven aliados imprescindibles para lograr que las personas conozcan en profundidad el diseño y concepto de su espacio de trabajo. Un nuevo cambio de paradigma que nos acerca, cada vez más, a las soluciones integrales en las que tecnología, espacio y cultura se miran frente a frente.